lunes, 18 de junio de 2012
Capítulo 1
Por fin. Siempre había soñado con este momento. El momento de llegar a Londres. Entro a mi nuevo hogar, una vieja casa cerca del centro. El número 481. Siempre me ha gustado el 4, esperemos que me de suerte en mi nueva vida. Saco la llave de mi bolsillo izquierdo y la meto con cuidado en la cerradura. Me encantan estos pequeños momentos, de descubrir un lugar nuevo, de disfrutar de tonterías. Finalmente, abro la puerta y después de la oleada de polvo que viene a recibirme, puedo ver con claridad mi casa. En el recibidor un pequeño montón de folletos de publicidad muy variados y una pila de cajas con mis pertenencias básicas. Siguiendo, la escalera ascendía y me tentaba a subir, pero me resistí y merodeé por el piso de abajo. El salón, tenía un sofá algo viejo pero que parecía muy cómodo. En frente el mueble del televisor, con espacio para miles de libros. Una lámpara y una mesita de café era todo lo que había que ver allí, Siguiendo mis instintos, encontré la cocina. Un espacio muy grande, quizás un poco más que el salón. Sin duda, había sido reformada hace muy poco, ya que todos los muebles eran nuevos y estaban más o menos relucientes. La dueña de la casa me había dejado incluso una cafetera. Después de un pasillo que parecía no terminar nunca, encontré un pequeño aseo, y lo más importante, justo al otro lado del salón un estudio con un piano que tenía pinta de haber vivido amores, dramas, comedias y todo tipo de alegrías y problemas. Posé mis manos sobre el teclado y tocando una sencilla melodía, me sentí realmente mejor de lo que me había sentido en toda mi vida. Decidí por fin encaminarme hacia el piso de arriba, donde después de entrar en un baño y una habitación vacía, encontré la que sin duda alguna sería mi habitación. Era más o menos grande, con las paredes pintadas de verde. Una cama de matrimonio al fondo, un gran ventanal con vista hacia las nubes, un escritorio con cajones llenos de sueños e ilusiones, y un armario nuevo era lo que había dentro, pero yo vi mucho más. Empecé a desempaquetar las cajas, poniendo cada cosa en su lugar, y una vez tenía a mano lo de primera necesidad, comencé a limpiar. Con la música a todo volumen, me propuse cumplir mis sueños e insuflarle un poco de vida a la casa. Acabé con las estancias principales y después de coger dinero y abrigo, me dirigí a la calle para encontrar algo de comida. Después de un agradable paseo, encontré un supermercado 24 horas, y haciendo una pequeña lista mental, compre muchísima comida, la que me haría falta, la que no, la que simplemente me apetecía comprar. Compré bebidas, compré lo necesario para el aseo personal, compré una película, palomitas y un bol. Supongo que la gente me veía raro, alguien de aspecto tan joven como yo, comprando aquella cantidad salvaje de cosas para la casa. Después de un largo camino cargado con millones de bolsas, y de la ardua tarea de ordenar toda la compra, me di por satisfecho, y encendí el portátil. Saqué mi Reflex de la mochila, y comencé a hacer fotos por toda la casa. Fotografié hasta el último detalle, bajo mi objetivo no escapo ni siquiera una mota de polvo. Las descargué todas en el ordenador, y las copié a una carpeta que llamé “Día 1”. Amaba la fotografía. Era incapaz de vivir sin ella. A pesar de que había oscurecido completamente, y que llevaba todo el día trabajando, por lo que tendría que estar durmiendo, acabe de instalar las últimas cosas para sentirme como en casa. Instalé la impresora nueva que me habían traído, coloqué fotografías que había hecho yo por toda la casa, y colgué algún que otro poster en mi cuarto. Después bajé al estudio y puse allí mi bajo. Una reciente adquisición, regalo de cumpleaños. Recordé el piano, y como mi padre me había enseñado muchos años antes, comencé a afinarlo dulcemente. Una vez cumplida mi tarea, empecé a darle vida a una nueva melodía. Primero dulcemente, acordes simples, después fui complicando la melodía, hasta que finalmente la obra se componía de artimañas entre manos y piano. Aporreaba las teclas sin darme cuenta, y sin darme cuenta también, empecé a llorar. Me tumbé en la cama a dormir sin probar la comida comprada, sin desvestirme, sin ganas de nada. Finalmente conseguí dormirme en una especie de duermevela intranquilo, del que despertaba sin cesar.
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Oooooh, que bonitooo!! Pero el pianoo?!?! PORQUE!? La flauta mola más! ;) T'estime
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