Amy y yo estabamos abrazados en el sofá, hablando sobre nosotros en el pasado. Y construyendo silenciosamente un maravilloso futuro juntos. Yo se lo conté todo de mi.
Me llamo Jack. Tengo 19 años, mi cumpleaños es el 23 de Abril. Nací y crecí en Fuiggi, un pequeño pueblo de Italia, a dos horas de Roma. Era un pueblecito muy pequeño, y no se puede decir que hubiese muchos niños de mi edad. Mi padre tiene una tienda de música allí, así que me enseñó a tocar el piano. Con respecto a mi madre... Digamos que nunca fui su favorito. Mi hermano mayor, Chris, me enseñó a tocar el bajo. En mi noveno cumpleaños, me regalaron una cámara digital. Es ahí donde empezó mi pasión por la fotografía. No llegué a pegar el estirón hasta casi cumplir los 15, aunque ahora ya mido un poco más de 1'80. Mi madre es de Liverpool, por eso hablo inglés y adoro a los Beatles. Aunque no más que a Coldplay, porque tengo tendencia a la depresión. No se puede decir que sean muy alegres. Tengo asma desde casi siempre, pero no me suelo cuidar mucho. De hecho cuando me deprimo fumo, y paso horas tirado en el suelo sin poder respirar bien.
En ese momento paro de hablar porque veo que Amy está llorando. El corazón se me encoge.
-¿Por que lloras?
- Sabías a tabaco. Hoy has fumado. ¿De verdad quieres morir?
Se le rompe la voz al decir morir. No puedo soportarlo.
-No. Ya no. Nunca más. -Susurro, porque he perdido la voz.
La abrazo y deja de llorar y puedo volver a sentir que mi corazón esta latiendo. Ya es bastante tarde, y ni siquiera hemos pedido la grua. Yo no como nada desde el desayuno, y teniendo en cuenta que ayer no cené, es mejor que vaya haciendo algo. Llama a la grua mientras yo preparo la cena. Recurriedo a mis raices italianas, hago unos ravioli con nata y frutos secos, y pongo la mesa. En el último momento, pongo un par de velas encima de la mesa. Cuando entra en el comedor, la luz de las velas le da un toque encantador a su pelo. Empezamos a comer. Yo casi no hablo, simplemente escucho. Podría escucharla durante horas y horas, y seguría pareciendome la voz más dulce de todas. Cerca de media hora después, el desagradable sonido del timbre retumba por toda la casa. A regañadientes, voy a ver quien es, y recuerdo su coche estropeado. A penas cinco minutos después, interminables para mi, ya estoy otra vez sentado delante de ella, observando sus ojos, su nariz, sus labios, bajando por la curva de su cuello, y perdiendome en su pelo. Acabamos la cena, y le llevo al estudio, donde me pide que le toque algo. Me siento en el taburete, y emiezo una dulce melodía inventada, pero que es en todos los sentidos, una parte de mi y de ella. Se entretiene observando los libros que adornan las paredes, se para a observar algunos, sonríe ante otros, y lee alguna pequeña de frase de otros pocos. Se detiene muchísimo rato ante mi bajo, lo toca, lo sospesa, y luego lo vuelve a dejar donde estaba. Yo sigo con la melodía, cada vez tocada con más suavidad. Amy se acerca a mi lentamente, y me abraza por detrás. Pierdo la concentración casi de inmediato, pero intento seguir tocando el piano. Me resulta completamente imposible cuando me da un ligero beso en el cuello. Me giro y la veo contemplandome, con una sonrisa marcada a fuego en el rostro, y, sin poder evitarlo, le beso. Cuando quiero darme cuenta, ya estamos los dos en mi cama, besandonos. Ni siquiera sé como he llegado hasta aquí. Ya no llevo camiseta. Miro a Amy. Esta insegura. Yo también. Ya se que es ella, pero aun así, la he conocido hoy. Oigo los latidos de Amy a una velocidad increible.
-Sabes que no tenemos porqué hacerlo... ¿Verdad?- Le susurro
- Quiero hacerlo. Pero no creo que sea el momento...
La abrazo fuerte, como si no la fuese a soltar nunca, y nos tapo a los dos con las sabanas. Creo que hace años que no dormía tan bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario